Cada vez más montañistas mienten sobre su ascenso al Everest. Y Nepal ha decidido castigarles

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Subir el Everest es una hazaña milagrosa. Más de 1.000 personas han muerto intentando llegar a la cumbre más alta de este pico y la mayoría comienzan la travesía pero no llegan hasta el final. Eso sí, no cabe duda de que al conseguirlo uno se siente como un héroe. Tanto, que lo primero que hace es tomarse unas fotos allí, sobre las nubes, tocando el cielo. No pueden llevarse la montaña, pero sí un pequeño selfie a modo de obsequio para enseñar a sus hijos en la posteridad. Y a las autoridades, claro, para conseguir un certificado de ascensión muy provechoso.

Dos escaladores indios acreditaron hace poco una foto en la que parecían posar en el pico más alto del mundo. Pero eran falsas. No son los únicos, cada vez más personas manipulan las imágenes afirmando escaladas falsas al Everest para gozar de privilegios. Y el gobierno de Nepal está harto.

Mentirosos cazados. Los escaladores Narender Singh Yadav y Seema Rani Goswami afirmaron que habían llegado a la cima de la montaña en 2016. Gracias a las fotografías que aportaron consiguieron los codiciados certificados que indican que uno ha alcanzado la cima más alta del mundo. Pero algunos alpinistas despiertos se apresuraron a desmentir el montaje. Se dieron cuenta de varios detalles en aquellas imágenes que no parecían cuadrar. Una máscara de oxígeno no tenía un tubo que la conectara al tanque de oxígeno, tampoco había reflejos en la nieve o en las gafas de sol de los escaladores.

Las banderas parecían un tanto flácidas en un lugar conocido por unos vientos lacerantes. Las fotos eran falsas, dijeron, y también la escalada. En agosto, Yadav fue seleccionado como uno de los ganadores de un prestigioso premio indio de montañismo. Pero muchos alpinistas indios afirmaron haber visto a Yadab descender al campamento base sin llegar a la cumbre. El líder del grupo incluso acabó por confesar a un comité de investigación que ni Yadav ni Goswami habían llegado a la cima.

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La reputación en riesgo. Ahora, las autoridades de Nepal quieren prohibir a estos alpinistas y a quien se atreva a falsear fotografías la entrada a las montañas del país durante diez años. Nepal, que es una de las naciones más pobres de Asia, lleva tiempo luchando por erradicar prácticas tramposas similares. Es un fenómeno que se ha acrecentado en los últimos años, de unas pocas hace una década a decenas cada año. “Si el gobierno de Nepal desarrolla un portal web y publica todas las imágenes de la cumbre, ayudaría a detectar a los falsificadores”, decía un alpinista indio.

No es nada fácil. Subir al Everest no es nada sencillo. Miles de personas han muerto en el intento. Incluso los dos alpinistas que mintieron sobre su llegada a la cima casi mueren en el intento. Las autoridades dicen que consiguieron llegar a una altura de 8,2 kilómetros, medio kilómetro por debajo de la cumbre más alta, ese tramo que se conoce como la “zona de muerte”, donde la presión es tal que incluso con oxígeno embotellado, el cerebro y el cuerpo comienzan a fallar.

Su guía les advirtió que su suministro de oxígeno se había agotado y que no estaban lo suficientemente en forma para llegar a la cumbre, y fueron rescatados, según la investigación.

Privilegios. ¿Y por qué ellos y muchos otros alpinistas mienten acerca de sus escaladas? Por subir la montaña más alta del mundo, los habitantes de la India suelen recibir premios nacionales. Si ya están trabajando para el gobierno, a veces reciben promociones y beneficios de por vida. Así, el flujo de escaladores de la India ha aumentado en los últimos años a medida que se conocen mejor esas ventajas y bonificaciones. De ahí que la práctica de falsificar las imágenes para obtener el certificado por parte de las autoridades nepalíes sea una tentación demasiado alta.

Las consecuencias. Si bien es cierto que la pena más severa de Nepal por estos reclamos falsos es sólo prohibir a los escaladores acercarse a todas las montañas del país y no les impone ninguna multa (de momento), sí puede conllevar a una mala imagen de los alpinistas si se hacen públicas tales fechorías. En 2016, dos policías indios, un marido y su mujer, fueron despedidos de sus trabajos después de que una investigación descubriera que habían fingido su escalada al Everest. En 2019, el Ministerio de Turismo de Nepal eliminó al menos cinco nombres de su lista de excursionistas después de que otros alpinistas alegaran dudas de su ascenso.

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Turistificación. Hasta el momento, este tipo de investigaciones no han sido muy comunes en Nepal, un país hambriento por cada euro que pueden ganar del alpinismo. Y así llevan emitiendo cada vez más permisos para escalarlo, lo que a veces ha llevado a los montañistas a crear un tráfico humano en el techo del mundo. Es un hervidero de transeúntes, viajeros y escaladores profesionales. Hace poco veíamos una fotografía que definía la situación del pico a la perfección: más de 300 personas se agolpan en la cordada que conduce al punto más alto de la Tierra, una hilera multicolor desperdigada sobre una cresta a más de 8.000 metros de altitud.

Es un peligro. Algunos grupos esperan hasta tres horas para acceder a la cima, objetivo último de toda expedición, a más de 8.000 metros de altitud.

Medioambiente. Que la montaña más alta del mundo sea hoy en día más accesible y el número de alpinistas crezca—unas 1.200 personas al año— deja también una huella ambiental desastrosa. Un rastro indeleble de escombros, residuos y basura —incluida la orina y las heces—se amontona en los tramos. Lo hemos contado en Magnet. Son las consecuencias de un alpinismo poco regulado y masificado. Pero también el Everest es uno de los pocos atractivos turísticos que le quedan a un país pobre que ya lucha por controlar mejor quién se atreve a adentrarse en sus laderas.

Imagen: AP


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por
Albert Sanchis

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