Estamos rechinando los dientes más que nunca: cómo nuestros niveles de bruxismo se han disparado

Estamos rechinando los dientes más que nunca: cómo nuestros niveles de bruxismo se han disparado

Todo el mundo rechina los dientes alguna vez. La mayoría no se dan cuenta, pero las situaciones de estrés nos hacen apretar los dientes durante nuestro día a día más de lo que pensamos: sea porque no llegamos a la entrega de un trabajo o porque hemos perdido el metro en las narices. Nuestros dientes lo pagan, inconscientemente.

Algunos expertos señalan que rechinar los dientes es un comportamiento más que un trastorno y la pandemia parece haber aumentado los casos de bruxismo en muchas personas. Más concretamente el teletrabajo.

El bruxismo. Algunos expertos dentistas llevan meses alertando de que cada vez llegan a sus consultas más pacientes con fracturas dentales y signos de padecer más bruxismo de lo normal. ¿Qué es? Pues es simplemente el término técnico para referirse a rechinar o apretar los dientes. Uno de los motivos por los que muchas personas rechinan los dientes es el estrés y la ansiedad, y se debe en gran parte a nuestro inconsciente. Muy a menudo, ocurre durante el sueño. Lo curioso es que muchas personas no saben o admiten que rechinan los dientes a menos que un dentista (que ha comprobado el estado de su mandíbula) se lo diga.

En España, el 75% de los adultos aprieta los dientes durante el día o la noche, según los datos de la Sociedad Española de Disfunción Craneomandibular y Dolor Orofacial. Y las consecuencias son brutales: van desde un simple picazón o taponamiento en los oídos a dolor de cuello y cervical e incluso envejecimiento prematuro de la cara. Poca broma.

La pandemia. ¿Y qué tiene que ver la epidemia que vivimos con todo esto? Una respuesta bastante obvia es el estrés derivado de la trágica crisis de nuestros días. Desde las pesadillas inducidas por el Covid y la coronafobia a las experiencias de ansiedad por casos en nuestros núcleos familiares. No es ningún secreto que la ansiedad relacionada con la pandemia está afectando nuestra salud mental colectiva. Pues ese estrés, a su vez, conduce a apretar y rechinar los dientes, dañándolos al extremo.

Pero hay un factor que es crucial para entender el crecimiento del bruxismo. El número de personas que se han visto abocados al teletrabajo es enorme. Muchos de ellos han improvisado una estación de trabajo en cualquier sitio de la casa: en un sofá, sobre el taburete de la cocina. Estas posiciones incómodas que hacen que inclinemos los hombros hacia adelante curvando la columna, señalan los médicos, es uno de los motivos para que apretemos aún más los dientes. La ergonomía está fuertemente conectada a muchos de los problemas bucales y dentales de las personas.

Y dormimos peor. Además, muchas personas no están descansando como deberían. Las preocupaciones derivadas de la pandemia se han colado en nuestros hábitos de sueño, convirtiéndose en una causa de inquietud e insomnio. Estos, según el experto prostodoncista Tammy Chen, son “los sellos distintivos de un sistema nervioso hiperactivo o dominante, que impulsa la respuesta del cuerpo de ‘lucha o huida”’. Y pone como ejemplo una batalla de gladiadores: “Piense en un gladiador que se prepara para la batalla: aprieta los puños, aprieta la mandíbula. Debido al estrés del coronavirus, el cuerpo permanece en un estado de excitación listo para la batalla, en lugar de descansar y recargarse. Toda esa tensión va directo a los dientes”, explica Chen.

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Los estudios del sueño indican además que la mayoría de las personas tienen tres o más ráfagas de actividad en el músculo masetero de la mandíbula (su principal músculo masticador) durante la noche. También ocurre durante el sueño no REM, contradiciendo la falsa creencia de que el rechinamiento se produce a causa de los sueños.

No es un trastorno. Todo esto ha llevado a algunos expertos en los campos de la odontología, la neurociencia, la psicología y la ortopedia a decir que es necesario un cambio de paradigma en nuestra comprensión de las causas y el tratamiento del bruxismo. Dicen que es un comportamiento, como bostezar, eructar o estornudar, más que un trastorno.

Respiramos por la boca. Un resultado, dicen los investigadores, es que tendemos a respirar por la boca, con la lengua descansando en la parte inferior de la boca. ¿Nunca os habéis dado cuenta de que en muchas ocasiones no respiramos por la nariz, si no por la boca o por ambas? Tammy Chen explica por qué no es lo correcto: “Tan pronto como la boca está abierta, la lengua se sitúa abajo. Pero la lengua siempre debe estar en la parte superior de la boca empujando hacia arriba y hacia afuera, lo que fortalece los músculos de la cara y el cuello, ensancha la mandíbula y abre las vías respiratorias”.

También la comodidad de una almohada blandita y los colchones suaves en lugar de una roca o el frío suelo (donde dormían nuestros antepasados) ha hecho que seamos más propensos a abrir la boca y babear en las noches. Esto genera microbioma bucal más seco y ácido, por no mencionar músculos del cuello caídos, que obstruyen aún más las vías respiratorias.

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¿Solución? Los protectores bucales de acrílico o goma, a menudo llamados protectores nocturnos, se llevan recetando muchos años. Si bien pueden ayudar a prevenir el desgaste dental, algunos estudios sugieren que pueden ser ineficaces o incluso empeorar el problema. “Existe un tremendo sobretratamiento para un no problema”, decía Karen Raphael, psicóloga y profesora de la Universidad de Nueva York, refiriéndose al uso generalizado de estos, de tranquilizantes e incluso inyecciones de Botox para prevenir el bruxismo. Además, puede ser peligroso usar una férula si se tiene apnea del sueño o un trastorno por reflujo gastrointestinal severo, o ERGE, indican.

Algunos médicos aconsejan, no obstante, soluciones centradas en los cambios de comportamiento. Un fisioterapeuta puede enseñarte cómo relajar la mandíbula y realizar la respiración abdominal. Y tal vez un psicólogo puede ayudarte a modificar los comportamientos que conducen a un aumento del bruxismo, como comer demasiado antes de acostarse y beber más vino y whisky de lo que corresponde.

Crrssssk Crrsssk. Como sea, y explican los médicos, os sorprendería saber cuántas personas no se dan cuenta de su rechinamiento. Y la cantidad de pacientes que llega a las consultas quejándose de dolores en la mandíbula y afirmando: “No, yo nunca rechino los dientes, odio el sonido”. Aquí la consciencia es clave. Y probablemente hayas apretado los dientes mientras leías este artículo y no te hayas enterado. Las conclusiones de todo esto: los dientes no deben tocarse en el día a día a menos que se esté comiendo y masticando la comida. La mandíbula debe estar relajada, con un poco de espacio entre los dientes cuando los labios están cerrados. Y, sobre todo, ser consciente y tratar de no rechinar cuando se uno se da cuenta de que lo está haciendo.


La noticia

Estamos rechinando los dientes más que nunca: cómo nuestros niveles de bruxismo se han disparado

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Magnet

por
Albert Sanchis

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