La cepa británica no es sólo británica: cómo de probable es que ya esté extendida por toda Europa

La cepa británica no es sólo británica: cómo de probable es que ya esté extendida por toda Europa

Una variante (VUI– 02012/01) y tres mutaciones (N501Y, delección 69–70 y P681H) del coronavirus han sido suficientes para alarmar a todo el continente europeo. La “cepa británica” ha provocado ya el confinamiento parcial del sudeste de Inglaterra, incluyendo Londres, y el cierre de las conexiones aéreas, marítimas y terrestres entre Europa y Gran Bretaña. A las puertas de la Navidad y de las campañas de vacunación, el continente teme enfrentarse a los fantasmas del pasado.

El objetivo hoy es evitar la llegada de la cepa a toda costa. El problema es que probablemente ya se haya extendido por Europa.

Qué es. Lo explican nuestros compañeros de Xataka. Tanto las autoridades británicas como el Centro Europeo de Control de Enfermedades aceptan una transmisibilidad mucho más elevada, de hasta un 70%. Su letalidad, en cualquier caso, es similar al resto de mutaciones y variantes.

Aunque la variante VUI – 202012/01 fue descubierta en octubre de 2020, lo cierto es que hasta las últimas semanas no ha empezado a empezado a atraer la atención de los investigadores. La caracterización genómica de la variante ha identificado tres grandes mutaciones: la N501Y (asociada a una mayor infectividad), la delección 69–70 (que podría “evadir la respuesta inmunológica”) y la P681H (cuya relevancia biológica desconocemos aún). Hay otras mutaciones (A570D, D614G, P681H, T716I, S982A y la delección Y144), pero esas dos parecen las más relevantes.

Los distintos niveles de incidencia entre las regiones británicas son significativos. Mientras las provincias afectadas por la nueva variante muestran un repunte descontrolado de contagios, otras, si bien ya han agotado la dinámica descendente que había dominado Europa durante las últimas semanas, crecen con mayor moderación. Esta asimetría podría explicarse por otros factores epidemiológicos. Pero el principio de precaución y lo que conocemos sobre la mutación ha llevado al gobierno británico a tomar medidas muy restrictivas.

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El pánico. La mezcolanza de (la aún limitada) evidencia, la campaña de Navidad y conocimiento adquirido desde marzo ha provocado que los gobiernos reaccionen con velocidad. Francia cortó las comunicaciones al otro lado del Eurotúnel, provocando un colapso inmediato de los suministros y la industria logística (en un anticipo del Brexit sin acuerdo). Es algo que no sucedió ni durante la primavera, lo que da cierta idea del estado de pánico que ha despertado la nueva cepa.

España y Portugal han sido los últimos en sumarse a una prohibición de los vuelos provenientes de las islas. El objetivo es sencillo: cerrar cuanto antes para evitar que la cepa británica llegue a Europa.

¿Y si ya ha llegado? Hay varios motivos para creerlo. El primero es lo que están diciendo varios países: la han detectado dentro de sus fronteras, si bien a un menor nivel que Reino Unido. Australia, Italia, Países Bajos, Dinamarca y Bélgica han declarado secuenciarla en al menos un paciente contagiado. Significativamente para el caso de España, también se ha encontrado en Gibraltar. Otros gobiernos, como el francés, aún no la han hallado, pero descuentan su presencia entre su población.

Meses atrás. Segundo aspecto clave: la variante ha sido trazada retrospectivamente a septiembre. Lo desarrolla con claridad el propio comunicado del gobierno británico al respecto:

Todos los virus mutan a lo largo del tiempo y nuevas variantes emergen con regularidad. Utilizando evidencia genética, la trazabilidad retrospectiva sugiere que esta variante surgió en septiembre de 2020 y circuló a niveles muy bajos entre la población hasta mediados de noviembre. El incremento de casos vinculado a la variante sólo se detectó en noviembre, cuando la incidencia en Kent no cayó pese a las restricciones nacionales. Más tarde descubrimos un brote vinculado a la variante expandiéndose rápidamente en Londres y Essex.

Es algo que hemos sabido ahora. La primera ocasión en la que los especialistas en salud pública británicos informan al gobierno de un incremento de la “transmisibilidad” es el 18 de diciembre. Dicho de otro modo: la cepa del virus lleva circulando desde finales del verano, y comenzó a expandirse entre la población antes de que las autoridades británicas fueran conscientes del problema, cuando las fronteras entre Reino Unido y el resto del continente seguían abiertas. Es plausible que la variante llegara a Europa también por entonces.

La secuenciación. Un último factor que podría rebajar el carácter británico de la cepa: la secuenciación. Reino Unido es el país europeo que mayor monitorización genética del virus realiza. Como se explica aquí, 120.000 de las 270.000 secuencias genéticas del coronavirus han surgido de laboratorios británicos. La comparación con Europa es abrumadora: mientras Reino Unido realiza unas 55 secuencias genéticas por cada 1.000 casos Francia apenas supera las 0,9 y Alemania las 0,4. España sale relativamente bien parada: 2,41 secuencias por cada 1.000 contagios.

Puede que Reino Unido haya encontrado la variante… Porque la estaba buscando con más empeño. Que países que secuencian tan poco como Italia ya se estén topando con ella es en muchos sentidos más denotativo de su presencia y expansión que las cifras de Inglaterra. En este sentido, las palabras de Illa, ministro de Sanidad, ofrecen más pistas: “No tenemos constancia de que la nueva cepa haya llegado, aunque eso no quiere decir que no esté [en España]”.

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¿Cerramos o no? Dadas las circunstancias, es probable que la “variante británica” sea simplemente una “variante” y que Europa deba lidiar con ello desde ya mismo. En este contexto, el cierre de los aeropuertos no supondrá solución mágica alguna ni impedirá que recorra el continente. Eso no significa que la medida no tenga sentido: frente a la campaña navideña y ante la perspectiva de miles de vuelos entre las islas y el continente, muy en especial con la experiencia de febrero en mente, reducir la movilidad contendrá en cierta medida su expansión.

Sabemos poco. Llegados a este punto es casi obligatorio recordar que sabemos muy poco sobre la nueva variante y sobre la importancia que tendrá a corto plazo para controlar la epidemia. Como se relata extensamente en este artículo de Science, aún tenemos que resolver demasiados interrogantes sobre la mutación como para trazar conclusiones rotundas. Es un patrón desde el inicio de la crisis: el conocimiento científico ha acelerado sus ritmos de investigación y publicación, pero saber lo que está pasando y sus implicaciones lleva su tiempo.

En cualquier caso, sí parece clara una cosa: esté muy extendida o muy poco extendida la cepa en España y Europa el abanico de medidas para combatirla es el mismo. Mascarillas en interiores, distancia social, evitar aglomeraciones, ventilación, restricciones a la movilidad, reducir contactos familiares y el largo etcétera con el que convivimos. Es una variante preocupante, pero no cambia el escenario a corto plazo (o si lo hace aún es muy pronto para saberlo).

Imagen: Reuters


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