La financiación de la vacuna ha sido en su mayoría pública. La cuestión es si sus beneficios también lo serán

La financiación de la vacuna ha sido en su mayoría pública. La cuestión es si sus beneficios también lo serán

Cuando Pfizer anunció que había desarrollado una vacuna efectiva contra el coronavirus sus acciones se dispararon un 15%. Aquel mismo día su CEO, Albert Bourla, se desprendía del 62% de sus acciones a cambio de $5,6 millones. Algo similar sucedió tras el anuncio de Moderna. Sus acciones se han revalorizado un 50% desde que desvelara los resultados de su vacuna. Su triunfo es coral, dado que se beneficiará a países enteros, pero también privado, porque será rentable.

¿Pero debería ser así?

Quién financia. La pregunta está mal formulada. La cuestión crucial no son tanto los beneficios como los costes. ¿Quién ha financiado realmente el desarrollo de cada una de las vacunas, algunas de ellas listas en apenas diez meses? Este reportaje de la BBC ofrece algunos datos interesantes, todos ellos recopilados por Airfinity. La mayoría de los proyectos, incluidos el de Pfizer o Moderna, han dependido del dinero público. Sin los estados no habrían llegado hasta aquí.

Las cifras. Pensemos en Moderna, por ejemplo. La farmacéutica estadounidense ha recibido alrededor de $2.500 millones de dólares provenientes de distintos departamentos gubernamentales. En agosto, cuando la vacuna sólo era una vana esperanza, fuentes de la compañía explicaban a Axios que el “100% de la financiación era federal”. Es decir, pública. Desde entonces el presupuesto se ha completado con donaciones privadas (Dolly Parton, Vanderbilt), si bien marginales.

La mayoría del dinero proviene de las arcas públicas.

¿Y Pfizer? Un caso más complejo. En noviembre, cuando la compañía anunció su vacuna, tanto Mike Pence, vicepresidente saliente de Estados Unidos, como Ivanka Trump, hija del aún presidente, presumieron de una alianza “público-privada” en su desarrollo. Ambos se referían a la operación Warp Speed, un programa federal de ayuda a la producción y distribución de la vacuna. Pfizer negó la mayor.

“Jamás hemos recibido dinero del gobierno”, explicaría uno de sus vicepresidentes a los pocos días. Otros pesos pesados de la farmacéutica explicarían lo mismo: “No hemos aceptado dinero público porque queríamos movernos tan rápido como fuera posible”. En septiembre, antes del anuncio, Bourla expresó una idea similar: “Cuando recibes dinero de alguien siempre hay ataduras. Quieren saber cómo estás progresando, qué vas a hacer. Quieren información. Y yo no quería nada de eso”.

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Media verdad. No es del todo cierto. Según Airfinity, al menos dos tercios de los $440 millones invertidos por Pfizer en la vacuna provenían de organismos públicos. Sucede que no de los estadounidenses. BioNTech, su socio biotecnológico clave en el hallazgo, sí ha recibido generosos subsidios estatales. Concretamente de Alemania, cuyo ejecutivo le concedió $400 millones en septiembre para acelerar la vacuna, en torno al 50% del dinero dedicado por el país a hallar una fórmula efectiva.

Las compras. Más allá de las subvenciones, hay otro factor determinante: las compras. Estados Unidos puede no haber invertido nada en Pfizer durante los últimos meses, pero sí ha comprometido alrededor de $2.000 millones por las primeras 100 millones de dosis. Más allá de su efectividad. Las sucesivas aprobaciones de otras regiones, como Reino Unido o la Unión Europea, también están vinculadas a programas de compras masivas. Sólo España espera recibir 20 millones de dosis para enero.

Como se explica aquí, Pfizer puede o no puede haber recibido “subsidios” directos, pero juega con las cartas marcadas. Su inversión está 100% asegurada antes incluso de conocer su efectividad. A los programas de compras podemos sumar incluso financiaciones de deudas privadas, como ha sucedido con la UE y BioNTech (€100 millones).

El reparto. La autoría de la vacuna es, como vemos, una cuestión compleja. De ahí que el debate sobre su “rentabilidad” esté sobre la mesa. Por ejemplo, ¿cuánto deberían cobrar las farmacéuticas a los estados? Johnson & Johnson y AstraZeneca, cuyas vacunas están financiadas en su práctica totalidad por dinero público, ya se han comprometido a un precio por dosis que simplemente cubra costes (unos 3,31€).

Moderna y Pfizer han fijado precios más altos (de hasta 30€ y 15€, en ambos casos incluyendo los costes de transporte y refrigeración). Algunas voces, como Directora Ejecutiva de ONUSIDA, plantean un programa de compraventas de carácter altruista fruto de la enorme financiación estatal: “Estas vacunas no son propiedad privada destinada a la venta y beneficio, sino propiedad pública a producir para el bien común global”. La vacuna como un programa social, no como un negocio.

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Ya es así. Más allá de lo rimbombante de la idea, el negocio de las farmacéuticas con la vacuna es relativo. A dos años vista es posible que haya más de veinte vacunas distintas, lo que desplomaría la rentabilidad de cada una de ellas. Sus características tampoco la convierten en un potosí: las naciones pobres las comprarán a bajos precios y se administrará en una o dos dosis. Lejos de los medicamentos de uso casi diario más demandados en los países ricos, la auténtica fuente de ingresos de la industria.

Así las cosas, para algunos expertos el desarrollo de la vacuna será más rentable en términos de “imagen pública” que de cuentas. Desarrollar la primera vacuna exitosa equivale a salvar a la humanidad de un problema mayúsculo. Una inversión de marca incalculable.

Cerrando el círculo. Lo que nos devuelve a las acciones de Pfizer y Moderna: si se han convertido en un caramelo muy codiciado por los inversores, con guías de uso incluidas en algunas de las plataformas bursátiles más populares, es por la proyección a futuro de las farmacéuticas gracias a la vacuna, no tanto por el balance de gastos vs. ingresos que presenten a final de año. En este contexto, el beneficio de la vacuna será enteramente privado, más allá del dinero estatal.

Pero tiene sentido que así sea. Porque el beneficio público es la vacuna en sí misma. El regreso a una vida normal. Un premio bastante más jugoso que los potenciales $32.000 millones de beneficio que algunas estimaciones ya atribuyen a Pfizer y Moderna (y que no compartirán).

Imagen: John Nacion/AP


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