La historia olvidada del cretinismo, la enfermedad que un día asoló los confines de los Alpes

La historia olvidada del cretinismo, la enfermedad que un día asoló los confines de los Alpes

Mucho antes de que el Tour de Francia glorificara y mistificara sus inclementes puertos, muchísimo antes de que la nueva burguesía encontrara un patio de recreo invernal en sus estaciones de esquí, los rincones más remotos de Francia, los Alpes y los Pirineos, se antojaban inhóspitos y vulgares a la mayoría de su población. Acudir a sus escarpadas montañas equivalía a adentrarse en terrenos misteriosos, oscuros y, en muchos sentidos, pobres. En lo material y en lo espiritual.

El carácter acaso cerrado de sus gentes, lo romo de sus cultivos y la dureza de las condiciones meteorológicas contribuían a forjar tal impresión. También los testimonios de aquellos exploradores o viajantes que de tanto en cuanto se adentraban por allí. Ya desde la Antigua Roma circulaban relatos sobre una particularidad anatómica de sus gentes, una suerte de retraso físico y mental de particular frecuencia en muchas poblaciones alpinas. Relatos que llegaron hasta bien entrada la modernidad.

Aquella particularidad, como bien rememora Big Think, sirvió a Georges Prosper Remi, conocido universalmente como Hergé, para uno de sus chistes más recurrentes. Cada vez que el Capitán Haddock deseaba proferir una retahíla de insultos y juramentos, de su boca tan sólo salían sofisticadas creaciones metafóricas o complejos diagnósticos clínicos ajenos al populacho. Así conseguía dos objetivos: ilustrar su carácter volcánico y permitir que Tintín, el cómic, no tomara un carácter profano. Y entre aquellos, uno era raramente específico en su geografía.

“Cretino de los Alpes”.

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Voluntaria o involuntariamente, Haddock se refería así al cretinismo, la enfermedad que aquellos remotos exploradores de la Antigüedad describían espantados a su paso por los Alpes. El nombre original de la enfermedad provenía de la palabra francesa “chrétien”, o cristiano, un saludo común entre las gentes alpinos, y ya en 1788 exploradores como Thomas Martyn se referían a la patología en sus escritos: “Su cuerpo se asemeja al de un enano, parecen deformes y sombríos, sus mentes vacías de toda actividad. Su sonrisa sólo indica que el cretino es un animal viviente”.

Jose El CretinoJosé El Cretino, fotografiado por Eugène Trutat a principios del siglo XX. (Commons)

A no mucho tardar, “cretino” tornó en sinónimo de “estúpido”, por las limitaciones intelectuales que muchos individuos aparentaban. Los cretinos presentaban distintos grados de bocio (una glándula tiroides agrandada que se manifiesta al modo de un bulto en el cuello); un enanismo agudo, no superando en ocasiones el metro de altura; escaso pelo; una piel rígida; y evidentes limitaciones cognitivas, aunque manifestadas en distintos grados. ¿Pero a qué se debía y por qué en los Alpes?

Lo cierto es que su presencia es mucho más transversal de lo que el Capitán Haddock implicaba en sus retahílas. El propio Hergé publicaría variaciones del mismo insulto haciendo referencia a los Balcanes o al Himalaya, no por casualidad regiones montañosas. El cretinismo también se daba con frecuencia en los Pirineos y en otros rincones colinosos y poco accesibles. Su prevalencia en geografías abruptas llevó a teorizar sobre su posible relación con los aires malsanos de las alturas, la contaminación de sus aguas, la endogamia propia de sus gentes o lo aislado de su existencia.

El yodo, causante de todo mal

Ninguna de ellas era correcta, pero Europa no lo descubriría hasta finales del siglo XIX. Sería entonces cuando diversos investigadores, impulsados por los hallazgos tempranos de Theodor Kocher, cirujano suizo que dedicó gran parte de su carrera médica a estudiar el rol de la tiroide en el cuerpo humano, arrojarían luz sobre la enfermedad y sentarían las bases para corregirla y erradicarla. En 1883, Kocher había logrado neutralizar por completo a la tiroide, privando a pacientes experimentales de la hormona tiroidea. Como resultado, había creado a cretinos artificiales.

Sus pesquisas le llevaron aquel mismo año al cantón de Valais, Suiza, célebre por la elevada prevalencia de cretinismo entre su población. Kocher visitó numerosas localidades remotas y solicitó a las autoridades que le presentaran todos los casos de cretinismo conocidos en la comunidad. No todos los cretinos sufrían del mal que sí interesaba a Kocher. Una disfunción en la producción de la hormona tiroidea que privaba a quienes la padecían de un desarrollo físico e intelectual limitado. Un hipotiroidismo congénito que, además, se manifestaba en enormes bocios.

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Los hallazgos de Kocher en esta y otras cuestiones le valdrían un premio Nobel en 1910. Tanto antes y después otros investigadores médicos habían explorado la relación entre los cretinos montañosos, muy en especial de los Alpes, y la disfunción de la glándula tiroides. El problema, concluirían sus discípulos a principios del siglo XX, residía en el suelo. En una carencia galopante de yodio. Una que se manifestaba con especial incidencia, caprichos de la geología y de los elementos, en las montañas.

CretinismoEl cretinismo en Francia a la altura de 1873.

El yodio es crítico para el desarrollo humano, muy en especial porque estimula la producción de la hormona tiroidea. El cretinismo, de hecho, no es sino el Síndrome Congénito de Deficiencia de Yodio (Congenital Iodine Deficiency Syndrome, o CIDS, por sus siglas en inglés). La carencia de yodio puede tener resultados drásticos en el ser humano. Aquellos hombres y mujeres acusados de enanismo, severamente retrasados, de apariencia deforme y adosados a llamativos bocios no sufrían sino una ausencia congénita de yodio. No eran cretinos, sino enfermos.

Sucede que los suelos alpinos y pirenaicos eran pobres en yodio. Extremadamente pobres. La mayor parte de yodio del planeta se concentra en los océanos, y llega a los suelos continentales a través de la lluvia. Es allí donde los cultivos lo absorben para alimentar, posteriormente, al organismo humano. En los Alpes y en los Pirineos diversas particularidades climáticas, geológicas y geográficas habían detraído de yodio a sus suelos. Como resultado de este y otros elementos (preponderancia del monocultivo, inexistencia de un comercio agroalimentario efectivo hasta la modernidad), sus habitantes dependían de una dieta pobre en yodio.

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Lo que disparó la prevalencia del cretinismo en las montañas.

Este mapa elaborado por las autoridades francesas en 1873 es una buena muestra de ello. Los departamentos coloreados en blanco o en gris contaban con pocos casos de cretinismo conocidos (hasta 2 por cada 1.000 habitantes). Aquellos pintados con tonalidades más oscuras, muchísimos más (hasta 7 por cada 1.000 habitantes). ¿Qué rincones de Francia se mostraban en gris oscuro? Correcto: los Alpes y los Pirineos, descontando puntos más excepcionales, como La Vendée.

Otros países de Europa contaban con sus Alpes particulares. Este otro mapa, elaborado en 1883, evidenciaba la prevalencia del cretinismo en torno a todas las regiones alpinas, pero también en el interior de Alemania o Reino Unido, de geografías más amables. De hecho, la existencia de suelos pobres en yodo no siempre correlaciona positivamente con la presencia de montañas y regiones abruptas, como esta otra cartografía evidencia. Tan es así que el mal llamado cretinismo sigue siendo un problema acuciante no sólo en Europa, sino en otros puntos de mundo menos desarrollados.

CretinismoEl cretinismo en Europa, 1883.

Como quiera que nuestra historia ha comenzado en el viejo continente, veamos cómo terminó. A la altura de 1850, el gobierno francés había identificado alrededor de 20.000 cretinos, de los cuales unos 10.000 manifestaban bocio. Otros estados realizaron estudios similares, siempre tentativos y deficientes por los profundos prejuicios asociados a la enfermedad, lo que dio como resultado el surgimiento de “cinturones del bocio”, muy relacionados con el CIDS. En Estados Unidos, casi todo el noreste contaba con suelos pobres en yodio… Y más de 5 casos por cada 1.000 habitantes.

La enfermedad dejaría de ser un problema cuando la evidencia científica disponible demostró a los gobiernos que la ausencia de yodio estaba positivamente relacionada con el desarrollo de cretinismo. En 1922, Suiza se convertiría en el primer país en instaurar un programa de yodificación de la sal a escala nacional (aunque la implementación sería desigual en función del cantón, y alguno de ellos, como Aargau, no legalizaría su venta comercial hasta 1952). A día de hoy centenares los países que cuentan con algún tipo de programa similar, destinado a enriquecer la dieta de sus ciudadanos con yodo.

Siglos de cretinismo después, hoy su presencia es residual en las poblaciones alpinas. La cordillera es sinónimo de exuberancia económica, lujo y destinos turísticos paradisíacos. Atrás quedaron los estragos causados por algo tan mundano e imperceptible como… El yodo.


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Mohorte

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