“Nos han vendido”: en el adiós de Trump, las teorías de QAnon se han vuelto más dementes que nunca

Mucho antes de que se transformara en una organización violenta dedicada a derrocar al gobierno de los Estados Unidos, QAnon fue una teoría de Internet. Y como tal, una hilarante colección de ocurrencias lindantes en lo demente. Sus seguidores se han alimentado de años de una paranoia avivada por quien hoy es ya ex-presidente del país, Donald J. Trump. Como buenos conspiranoicos, las apariencias engañaban. Entre bambalinas, Trump tenía un plan. En algún momento lo revelaría.

Consumado su abandono de la Casa Blanca, ese momento parece haber pasado para siempre. O no, según QAnon.

La traca final. Mediada la tarde, cuando Trump ya reposaba plácidamente en Mar-a-Lago, su residencia en Florida, sus más irredentos seguidores auguraban un golpe de efecto inminente. En uno de los muchos foros empleados por los conspiracionistas para divagar sobre lo divino, lo humano y la red de políticos y empresarios internacionales obsesionados con esclavizar sexualmente a niños, podíamos leer: “La Tormenta golpea en 45 minutos. ¡Victoria al fin!”. Su teoría dice así:

Sabemos que Biden siendo investido y tomando el control del ejército no formaba parte del plan. De modo que TODO sucederá en los próximos 45 minutos. Biden y múltiples políticos presentes [en la inauguración] serán arrestados en directo, cuando decenas de millones de espectadores lo estén viendo alucinados. Yo pensaba que se iba a hacer de forma clandestina, durante la noche, pero Trump, siempre un showman, quería un espectáculo. Trump irrumpirá en escena durante los arrestos y agradecerá al país su reelección (…) Este día será recordado como el más grande desde el Día D, los historiadores escribirán sobre esto durante siglos.

Tal es el nivel de abstracción y pérdida de contacto con la realidad de la comunidad que la mayor parte de respuestas no versaban sobre el carácter inverosímil de la teoría ni sobre la galopante ausencia de pruebas que la sostengan. No, la cuestión, más bien, era qué pensaríamos el resto de los mortales cuando Trump descubriera todas sus cartas, la operación fuera un éxito y todo volviera  a ser tal y como debería haber sido desde el principio. Tal y como QAnon predijo hace ya muchos años.

La realidad. Sucede que a esta hora del día nada de lo pronosticado se ha hecho realidad. Si los miles de conspiracionistas de QAnon eran un tren y las elecciones del pasado mes de noviembre un muro, lo que ha mediado entre aquella noche y la inauguración de Biden ha sido una carrera hacia ninguna parte. O más bien, hacia un dolorosísimo golpe contra la realidad. A los pocos minutos de que se publicaran las últimas teorías sobre El Plan, centenares de seguidores de Trump se mostraban perplejos.

“Quiero vomitar”, expresa uno un minuto después de que Joe Biden sea investido formalmente como presidente. “Nos ha vendido, es hora de la revolución”, plantea otro. “Trump nos mintió y nos falló. Es así de simple”, sugiere un usuario más resentido. “Q nos ha mentido y ahora tenemos que averiguar cómo pasar página”, plantea una voz más razonable. La catarata de lamentos es infinita: “Triste y confundido”; “¿qué ha pasado, por qué no ha funcionado el plan?”; “me siento estúpido”.

El final del camino. Desde la caída de Parler, la red social que sirvió de plataforma organizativa para los asaltantes del Capitolio, la comunidad QAnon había quedado huérfana de espacios de socialización (radicalización) públicos. Este reportaje de NBC revela cómo, desde entonces, sus miembros se han atomizado en pequeños foros. Es allí donde han verbalizado su perplejidad y ansiedad por la inminente llegada del plan, el gran desenmascaramiento de la élite que QAnon lleva pronosticando desde el primer día. Uno en el que Trump tendría un rol clave.

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El peligro. Lo que antaño fue una excéntrica teoría de la conspiración se convirtió hace dos semanas en un intento de golpe a las instituciones democráticas. En consecuencia, tanto los servicios de inteligencia como el FBI habían alertado de posibles acciones violentas durante la inauguración de Biden. De ahí que el ejército desplegara a más de 20.000 soldados en el centro de Washington, convertido durante los últimos días en una “zona verde” donde el acceso estaba severamente restringido.

En última instancia no ha pasado nada. Ni durante los días previos ni hoy, en la investidura. Trump ni siquiera ha ejecutado el mitin de despedida durante el discurso de Biden, a modo de contraprogramación.

¿Y ahora qué? Para un movimiento tan obsesionado con la existencia de Un Plan y de Un Día en el que se ejecutará de forma maestra, acaso reminiscencia del profundo poso cristiano de sus seguidores, la inexistencia de ambos sólo puede generar una profunda decepción. O resentimiento. Darse de bruces con la realidad no es agradable para ningún conspiracionista, lo que conduce a algunos a doblar la apuesta. También dentro de QAnon. Ahora mismo, algunos ya barajan exiliarse:

“¿Y ahora qué? Necesito sacar a mi familia de aquí. Este país no va a ser seguro durante mucho tiempo”, expresa un usuario en 4Chan. Si el plan ha fallado no ha podido ser porque QAnon o Trump estuvieran equivocados o nos hubieran engañado, sino porque alguien lo ha desmantelado. Y ahora viene a por nosotros. En la paranoia que se retroalimenta, refugiarse en Rusia parece un buen plan. “Es lo que planeo hacer. No escuches a nadie que te recomiende quedarte en este pozo sin fondo”, plantea otro. Tristeza, neurosis, resquemor, ansiedad, ira.

QAnon ha llegado tan lejos como le ha sido posible. Mucho más de lo que un día nadie pudo imaginar. La cuestión es: ¿qué será lo próximo?

Imagen: Carlos Barria/Reuters


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